“Votame a mí y después hacé lo que quieras con la fórmula de gobernador”. Esta sugerencia –u orden- se escuchaba en cualquier lugar de la provincia, de Trancas a Taco Ralo. Corría 1995 y los líderes del peronismo tucumano eran Olijela del Valle Rivas y Julio Miranda. La palabra grieta estaba circunscripta casi exclusivamente al suelo y no se llevaba bien con la política. Rivas y Miranda no se daban un tranco y la interna entre las corrientes que ambos conducían era muy intensa, a todo o nada.

En 1995 Olijela era la candidata a gobernadora del peronismo y la oposición se había aglutinado detrás de Antonio Domingo Bussi, que había fundado Fuerza Republicana para llegar al poder por los votos y no por las armas.

Y lo consiguió. Por un lado porque supo unificar el discurso opositor y adueñarse de él y, por el otro, porque Miranda y Rivas no podían juntarse ni a dialogar en beneficio de los tucumanos. Sólo sabían discutir y pelearse. Todo un mensaje para la oposición tucumana actual que tiene muchos candidatos a gobernador y muy poco consenso y menos aún proyectos.

No obstante, lo que sucedió en 1995 no es sólo un mensaje para la oposición. Es una preocupante advertencia que la historia reciente le hace al peronismo tucumano.

Osvaldo Jaldo y Juan Manzur vienen trabajando con afán para transmitir mensajes de unidad en la coalición gobernante. ¿Alcanzan? Los conforma a ellos que son los principales líderes, pero los que no consiguen contentarse son los dirigentes que ven cómo se abrazan Juan y Osvaldo, mientras ellos no pueden mirar el futuro con tranquilidad. Son, precisamente, los candidatos a legisladores, concejales, delegados comunales y hasta algunos a intendentes los que no descartan repetir aquella frase que tanto daño le hizo al peronismo en 1995.

En aquellos años la política y la militancia eran parte del trabajo natural para llegar al poder. Ocho años después vendrían José Alperovich y Manzur que con tanta habilidad supieron instalar el comercio de la política. Todo se compra. Hasta el hombre que quiere ser candidato tiene su precio. Por eso la mayoría de los hombres y mujeres que sueñan con llegar al poder saben que su vocación o discurso ya no alcanzan para ser elegidos.

Eso los tranquiliza a Jaldo y a Manzur que están seguros de que tarde o temprano golpearán sus puertas los diferentes candidatos. Sin embargo, en la cabeza del poder no dan puntada sin hilo. A la frase “votame a mí y hacé lo que quieras con la fórmula a gobernador” se la responde con otra: “si gana alguno de la oposición va a hacer lo que quiere Macri y eso no es otra cosa que mandarlos a la cárcel a todos, sin excepción”.

No hay eslóganes ni mística. El miedo es la respuesta para el egoísmo. Ni uno ni otro logran interpretar que este juego afecta a la mismísima democracia que tanto les gusta declamar a unos y a otros.

Para defender esta posición en la Casa de Gobierno tienen una explicación. Dicen que, en las encuestas, Jaldo es el que mejor mide de todos los dirigentes a lo largo y ancho de la provincia, con la única excepción de la ciudad de Concepción. De esta manera les advierten a todos los postulantes oficialistas que no les conviene no ir en la boleta del candidato oficialista.

También se preocupan por aclarar que Juan y Osvaldo –tal cual se los enseñó Alperovich- seguirán de cerca el comportamiento de cada uno de los dirigentes. No obstante, precisan que en 1995 estaba Carlos Menem que hasta que los Kirchner lo pasaron a retiro era una protección natural desde la Nación.

Hoy el peronismo nacional ya no tiene la misma espalda y ahí es cuando insisten que si permiten que gane la oposición, o mejor dicho el antiperonismo, se podría repetir la receta de Macri a nivel nacional y de Morales a nivel provincial, en Jujuy. Van presos todos los que están sospechados de irregularidades hasta que aclaren. Y, por las dudas, si los interlocutores no se asustan sacan las estampitas de Milagro Salas que todavía sigue presa, al igual que Julio de Vido y otros ex funcionarios K.

Terceros de la discordia

En Juntos por el Cambio las cosas no están mejor que en el oficialismo. Hay más de un candidato a gobernador. Germán Alfaro se siente con más derechos que nadie porque ganó en las PASO últimas y porque la coalición consiguió luego una de las elecciones más importantes ya que quedaron muy cerca del oficialismo. También se anotó Roberto Sánchez, que se apoya en buena parte del radicalismo (no faltan los falsos que se entusiasman con Alfaro) y en su imagen que lo ayuda a diferenciarse del resto de las caras de la política. Tanto es así que en Buenos Aires, donde todo se decide, miran con sorpresa encuestas en las que el concepcionense obtiene la pole-position.

Hay un tercero en discordia que no se baja de sus intenciones de postularse: Sebastián Murga, que cuando le hablan de internas se envalentona ilusionado con la conformación reciente de su partido Creo.

Pero esta semana apareció otro postulante inesperado: Domingo Amaya paseó por bares de la avenida Perón y saludó y habló como candidato. El diputado nacional también se siente en condiciones de pelear la interna en la oposición. Tiene algunas gigantografías listas y con su vozarrón está dispuesto a discutir por un lugar en la fórmula. Hasta aquí son cuatro, podrían ser cinco, pero si hay algo que hizo mal Pro es política. La fuerza que vio nacer Macri se durmió en los brazos de Alfaro y de Murga, que supieron arrullarlos últimamente.

En la trinchera porteña de Juntos por el Cambio siguen atentamente los pasos de cada uno de estos postulantes. El más convencido, el más seguro, el que muestra mayor enjundia para el desafío nadie duda que es Alfaro. Esa es su carta más fuerte para que en Buenos Aires le presten más atención que a otros. Mientras Horacio Rodríguez Larreta lo tranquiliza, Macri no deja de ponerlo un poco incómodo. El ex presidente repite a quien lo quiera escuchar que no quiere peronistas y Alfaro no puede -ni quiere- negar su origen. Macri es quien más porfía por instaurar el discurso de antiperonismo en la coalición. Las encuestas que manejan en Buenos Aires también lo sacan de quicio. Por eso apura decisiones. Alfaro nunca quiere perder la iniciativa. Cuando se sentó frente a Sánchez lo propuso una salida para definir la candidatura. Lo desafió.

En estos casi dos años de su segundo mandato Alfaro ha construido enemigos. Jaldo es el que mejor le ha salido. Eso no ha afectado su imagen pero sí su gestión. La flamante directora de Canal 10, Ingrid Lausberg, se ha ocupado de minar no sólo la concesión del servicio de estacionamiento de la Capital sino también la construcción del nuevo Mercado del Norte.

Lausberg se ha convertido en una hábil espada del oficialismo. Ya lo había hecho anteriormente cuando tanto Manzur como Jaldo se sintieron ofendidos por las grabaciones que hubo hecho el ex juez Enrique Pedicone al desnudar el rol de operador político del entonces vocal de la Corte Daniel Leiva.

Precisamente, no hace muchos días, el actual presidente del Máximo Tribunal se excusó en un amparo presentado por Pedicone. “…siendo público y notorio conocimiento que Enrique Luis Pedicone tiene intervención en autos, por razones de decoro y delicadeza, me excuso de intervenir en la presente causa”. El decoro vuelve a entrometerse en la vida de estos dos abogados. Pero, más allá de estas delicadezas no le deben haber caído bien ni a Manzur ni a Jaldo la excusación. Sin dudas va a sentar un precedente que en tiempos electorales van a incomodar al oficialismo. Justamente el titular de la Corte, Leiva, en este caso, deberá presidir la Junta Electoral Provincial y Pedicone ya anunció que volverá a las arenas políticas y no es extraño suponer que cualquier planteo del ex magistrado terminará afectando el equilibrio que alguna vez Alperovich y sus jugadores intentaron establecer con esta nueva Constitución. En los corrillos políticos, aunque alejados de la lógica jurídica, interpretan que la excusación de Leiva fue un error.

El peor pulmotor

Esta semana que se fue y que no volverá nunca jamás encendió algunas luces de alerta en la provincia y a los candidatos.

Dos simples visitantes que andaban por El Cadillal volvieron a darle la peor fama a Tucumán a través de la redes sociales. Dejaron en claro la mugre que había en el paseo. No es la primera vez que pasa esto cuando un turista cuenta la verdad con la que choca en nuestras tierras.

Las autoridades de la Provincia se entusiasman con los números de visitantes y lo gritan a los cuatro vientos como en el último fin de semana largo lo hizo el gobernador. Sin embargo, el fondo de la cuestión no es la cantidad sino la calidad.

Otro tema que también desnuda las incapacidades de los dirigentes tucumanos es el transporte. La solución es seguir pidiendo plata. Cada vez está más claro que a la hora de hablar de subsidios Tucumán es ninguneada como provincia y eso que el jefe de Gabinete nació en esta geografía. Peor aún es que nadie (ni oficialistas ni opositores) se animan a desafiar este federalismo ficticio. Es que tarde o temprano necesitarán de Buenos Aires para respirar.